Atmósfera artificial de aire acondicionado; música de viento en la galería de alguna casa de los valles; arena de playa pegada en la piel oscurecida por el sol; humedad de pelopincho y patio de ciudad. El entorno termina siendo lo de menos cuando arrancan las vacaciones. De todos modos, existen elementos capaces de mejorar las circunstancias del descanso: buenos libros. Y nada mejor que el tiempo libre del verano para dejarse sorprender por las joyas que es posible encontrar entre la maraña de naderías con las que nos enreda el mercado editorial.
Algunos sostienen que no es la lectura ideal para el verano. ¿Pero quién posee la potestad de definir qué se debe leer en cada estación del año? Compleja, difícil de encasillar, simpática y limpia, la obra de Mario Levrero está al alcance de la mano, deseosa de ser descubierta por nuevos lectores que la sepan aprovechar.
Si el nombre suena extraño, vale aclarar que fue un uruguayo que murió en 2004. Además de haber sido escritor, trabajó como librero, fotógrafo y guionista de comics. A lo largo de su vida se convirtió en un autor de culto. Pero tras su muerte, su obra comenzó a ser rescatada. Algunos títulos: "Fauna", "Desplazamientos", "La novela luminosa", "El discurso vacío". En definitiva, se transformó en un referente de la literatura en español que no habría que dejar de leer. Y hoy puede ser un buen momento para empezar a hacerlo. Es que, como dijo el crítico y periodista Maximiliano Tomas, con Levrero, el mundo de la literatura hizo justicia.